Cómo equilibrar el agua de una piscina

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Cómo equilibrar el agua de una piscina

Muchas piscinas, antes de que comience la temporada de baño, presentan un aspecto correcto: agua clara, sin turbidez visible y con la sensación de que todo está en orden. Pero en mantenimiento de piscinas hay una idea clave que conviene tener presente: el aspecto visual no siempre refleja el estado químico real del agua.

Por eso, en épocas del año como la primavera, antes de que suban demasiado las temperaturas, no basta con comprobar que el agua esté limpia. Hay que asegurarse de que esté equilibrada. Para eso existe una herramienta muy útil, aunque poco conocida fuera del ámbito técnico: el ISL, es decir, el Índice de Saturación Langelier.

En muchas piscinas particulares los usuarios controlan sobre todo el pH y el cloro. Es normal, porque son los valores más conocidos y aparentemente fáciles de controlar. Sin embargo, el equilibrio del agua no depende solo de esos dos parámetros.

El Índice de Saturación Langelier es una fórmula que sirve para determinar si el agua está equilibrada o si tiene tendencia a comportarse de una forma perjudicial para la piscina. ¿Cómo? Porque ayuda a saber si el agua puede resultar corrosiva o si, por el contrario, es propensa a formar sarro e incrustaciones.

El cálculo del ISL resulta de la relación de los datos incluidos en una tabla profesional a la que acudimos tras efectuar mediciones y teniendo en cuenta la zona en la que trabajamos. Incluye factores de conversión atribuidos a pH, dureza del agua, alcalinidad, temperatura y a un valor total de sólidos disueltos como sales minerales, restos de productos químicos, metales, carbonatos y otros compuestos que se van acumulando con el tiempo.

Responde a esta fórmula:

ISL = pH + factor relativo a la temperatura + factor relativo a la dureza cálcica + factor relativo a la alcalinidad – factor de sólidos disueltos totales (TDS)

Cuando el resultado del ISL es negativo, el agua tiende a ser más agresiva con revestimientos, juntas, elementos cementosos y equipos, es decir, es corrosiva. Cuando el es positivo, el agua tiene más facilidad para dejar depósitos de cal y otras incrustaciones en paredes, líneas de agua, filtros, intercambiadores o tuberías.

De forma orientativa, un valor entre -0,5 y +0,5 puede considerarse aceptable. El punto perfecto sería 0,0, pero es una cifra que prácticamente nunca se consigue exacta.

Lo importante es saber que el Índice de Saturación Langelier es realmente útil para los profesionales de la piscina porque no se refiere a un único valor aislado, sino que cruza los parámetros fundamentales para tener la visión más completa del equilibrio del agua. No mide solo si el agua “está bien” en apariencia, sino que indica hacia dónde tiende químicamente, lo cual nos permite anticiparnos a problemas que muchas veces todavía no se ven.

Una piscina puede estar cristalina y tener un pH aparentemente correcto y, aun así, estar en una situación poco favorable desde el punto de vista químico. Ahí es donde el ISL aporta un valor real: permite detectar si el agua está avanzando hacia la corrosión o hacia la incrustación. En otras palabras, no basta con que el agua se vea bien; también debe estar químicamente compensada.

Qué revisar a comienzos de primavera

La pretemporada es uno de los momentos más importantes en el mundo de la piscina. Después del invierno, muchas piscinas conservan un aspecto razonable (el frío ha evitado que las algas se reproduzcan), pero eso no significa que sus parámetros estén bien ajustados.

Por otra parte, los sólidos disueltos totales (TDS) no siempre se ven a simple vista. En piscinas rellenadas con agua de pozo, por ejemplo, es más habitual encontrar una carga mayor de minerales y metales disueltos como hierro, manganeso, calcio o magnesio. También de sales y otras impurezas propias del origen del agua. Cuando estos sólidos disueltos aumentan demasiado, el agua pierde calidad y resulta más difícil mantenerla estable.

Con la subida progresiva de la temperatura y el aumento de horas de filtración necesario ante la proximidad de la temporada de baño, cualquier pequeño desequilibrio puede hacerse más evidente. Si el agua entra en primavera con una química desajustada, lo habitual es que ese problema termine traduciéndose en más consumo de producto, menos eficacia del desinfectante y mayor desgaste de la instalación. Por eso te recomendamos que, antes de nada, revises estos parámetros, en este orden, para lograr un equilibrio estable:

1. Ácido isocianúrico (CYA)

El ácido isocianúrico (CYA) se añade a las tabletas como estabilizador del cloro frente a la radiación solar, para que su efecto sea más prolongado. En su medida adecuada es útil, pero cuando se acumula en exceso reduce la eficacia real del desinfectante. Es decir, puede haber cloro en el agua y, aun así, que ese cloro trabaje peor de lo esperado. Es un parámetro que muchas veces se pasa por alto y, sin embargo, resulta fundamental. Influye mucho en la interpretación de la alcalinidad sea o no la correcta a la hora de calcular el ISL.

2. Alcalinidad

OJO, no te confundas de concepto: La alcalinidad no es la dureza del agua, para es lo mismo, y por tanto no se corrige de la misma forma. La alcalinidad tiene que ver con la estabilidad química del agua y con su facilidad o dificultad para mantener estable el pH dentro de rango. Dicho de una forma sencilla, amortigua las variaciones bruscas del pH. Si la alcalinidad está desajustada, el pH se vuelve mucho más difícil de controlar y en consecuencia el equilibrio general del agua se resiente.

La dureza (cálcica) del agua, en cambio, indica la cantidad de calcio disuelto en ella, Las sales cálcicas pueden hacer que el agua resulte más agresiva si son insuficientes, o favorecer incrustaciones si están en exceso.

3. pH

El pH es uno de los valores más importantes del agua. Si sube demasiado, el agua se acerca más a situaciones de incrustación y el desinfectante pierde eficacia. Si baja en exceso, el agua puede volverse más agresiva para superficies, materiales y componentes de la instalación.

Es un parámetro básico, sí, pero nunca debería valorarse de forma aislada, y SOBRE TODO, es imprescindible ajustarlo antes que el cloro. Sólo así conseguiremos que el cloro libre actúe bien desinfectando el agua de microorganismos nocivos como bacterias y virus, por un lado, y oxidando residuos como sudor, restos de cremas solares, orina y sustancias orgánicas que hacen que el agua pierde calidad, aparezcan malos olores, turbidez e irritación.

Cómo mantener el agua de una piscina equilibrada a través del Indice de Saturación de Langelier

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