aprender a nadar niños

¿Por qué es bueno aprender a nadar siendo niños?

Nuestra pasión por las piscinas hace que queramos contaros muchas más cosas que tienen que ver con ellas. Repasamos los beneficios de aprender a nadar siendo niños. Ellos son los grandes disfrutones del agua cada verano, y vale la pena que vivan este placer «sin sufrir y sin estar preocupados de tener ningún accidente». Así lo cuenta la experta Eva García Caballero, responsable de la Escuela de Natación y Socorrismo en el Club de Natación de Granollers, a quien hemos entrevistado. Como ella dice, «nadar te puede cambiar la vida, y te la puede cambiar a mejor». 

¿Por qué es importante aprender a nadar? 

La primera razón todos la sabemos: por seguridad. «Cada temporada son muchos los ahogos que se podrían ahorrar si todos supiéramos nadar», explica Eva García. En su opinión, después vendría el bienestar. Siempre se ha dicho que nadar es uno de los deportes más completos que hay. En general, los deportes acuáticos activan la circulación sanguínea y nuestro metabolismo. Ejercitamos tantos músculos que mejoramos en agilidad y flexibilidad. Si nos paramos a pensar en cómo afecta la natación a los adultos, «hay personas que por salud física no pueden hacer actividades muy forzadas. Nadar o hacer actividad en el agua es su solución. Mejoran en salud y en autoestima. En el agua no hay tanto peso, y pueden ejercitar con más facilidad movimientos que en tierra no podrían por su peso corporal». Por eso las rutinas de bajo impacto dentro del agua ayudan en la rehabilitación y a paliar muchas dolencias. Movemos de forma suave articulaciones que muchas veces olvidamos trabajar, como las de tobillos, muñecas y dedos.
 
Tampoco podemos olvidar el plano emocional. «La natación sirve mucho de ayuda a personas con problemas de nivel nervioso y ansiedades, por ejemplo en estos momentos difíciles de pandemia», apunta Eva. «Es un deporte que te exige sin darte cuenta coordinación de respiración, movimientos de brazos y piernas, controlar espacios, contar piscinas… Desconexión total. También te brinda la oportunidad de avanzar en el deporte y hacer un estilo de vida de ello, por placer o para competir en diferentes niveles».
 

*En las imágenes, Hasha enseñando a nadar a su hijo Yuri en la piscina que acaba de estrenar, construida por Piscinas Aquablau. Todos los derechos reservados. 

 

¿Hay una edad ideal para aprender a nadar?

Aunque la llamada matronatación puede practicarse en piscinas públicas a partir del tercer mes con ayuda de monitores y es sobre los cuatro años cuando solemos adquirir más autonomía flotando, Eva García señala que «aprender se puede aprender a cualquier edad, aunque es verdad que no será igual de fácil en edades tardías que en edades tempranas».
 
«Los y las bebés no aprenden a nadar, aprenden a estar en el agua con tranquilidad, a flotar, a sumergirse, a disfrutar del medio… Los niños y niñas sí que ya aprenden a nadar, con material o sin material auxiliar de flotación. Usando mucho el juego, se aprenden los diferentes desplazamientos, propulsiones, respiraciones… En definitiva, se trabajan todas las habilidades acuáticas adaptándolas a cada nivel y a cada niño y niña. Esas edades de la infancia son las ideales para aprender», apunta.
 
A medida que crecemos, si no tenemos una base, se vuelve todo más complicado. «Jóvenes y adolescentes, si se lo proponen, aprenden, pero las vergüenzas hacen que no se quieran apuntar a clases en grupo… Solemos tener adolescentes y jóvenes en grupos de perfeccionamiento, más que en aprendizaje», explica la responsable del Club de Natación de Granollers.

«Adultos y personas mayores, al igual que los jóvenes, si se lo proponen, también aprenden, pero los miedos pueden frenar y hacer que el proceso sea más lento. En personas mayores, aparte de los miedos, también pueden tener alguna dificultad en su movilidad que retrase el aprendizaje, pero adaptando las clases a cada público, no hay problema. Toda persona que se lo proponga, y con ayuda de un buen profesional, puede aprender a cualquier edad».

Ventajas físicas y emocionales de aprender a nadar de niños

En el caso de los más pequeños, nadar (o aprender simplemente a estar en el agua con tranquilidad si hablamos de bebés, como puntualiza García), tiene un impacto muy positivo en su desarrollo emocional y físico. Saber flotar, tomar conciencia del medio acuático, controlar la respiración, ganar resistencia, concentrarse en la técnica y superar el miedo aportan confianza en uno mismo. De ahí que cada vez que un niño mejora en algo dentro del agua, le encante mostrarlo (¡Ya no me tapo la nariz! ¡Mira hasta dónde llego! ¡Mírame hacer la bomba!). Celebrarlo con ellos es importante.
 
Si hablamos de bebés, la sensación de ligereza que tienen en el agua siempre les calma. Haber permanecido durante nueve meses flotando en líquido amniótico tiene mucho que ver (los recién nacidos tienen de hecho el llamado reflejo natatorio). Relajarse en el agua mientras se les habla estimula mucho sus sentidos con nuevas experiencias cognitivas y refuerza su vínculo con los progenitores.
 
¿Y a nivel físico? ¿Cambia algo en los niños cuando mejora la aptitud nadadora? En el caso de los bebés, moverse en el agua desde bien pronto ayuda a que su estructura ósea se desarrolle más rápido y se fortalezca la musculatura. La forma redondeada postnatal de la columna vertebral desaparece antes, por ejemplo, y la respiración estrictamente nasal cambia a una respiración motriz más rápido. Eso hace que se ventile mejor la zona pulmonar superior.
 
La natación contribuye mucho a mejorar la coordinación motriz, algo importantísimo durante los primeros años de aprendizaje, en los que la conexión entre el cerebro y el cuerpo se va “educando” poco a poco. De hecho, los bebés que están acostumbrados a estar en el agua más tiempo muestran mayor control de sus movimientos. 
 

*En las imágenes, tres niños saltando a una piscina diseñada y construida por Piscinas Aquablau. Todos los derechos reservados. 

 

¿Cuál es la mejor forma de perder el miedo al agua? 

La piscina siempre es un medio muy estimulante para sociabilizarse compartiendo. Para animar a los niños a nadar, la diversión debe ser lo primero. Obligarles a entrar en el agua de mala gana hará que aprendan peor y puede crear incluso pánicos, por lo que siempre será mejor esperar a que el niño esté convencido.

Llegado el momento, el aprendizaje de la natación sigue una evolución en fases que podríamos relacionar con la supervivencia, la autonomía y la técnica (entrando ya en los estilos de la disciplina deportiva). Como explicó antes Eva García, tras una primera fase en la que lo importante es familiarizarse con el medio, respirar y poco a poco saber flotar, se aprende lo que es la propulsión. Después vienen los desplazamientos y los saltos, y también se introduce el juego.

El juego es definitivamente la mejor herramienta para que un niño aprenda a nadar, según nos confirma Eva García. «Efectivamente, el juego nos brinda muchas facilidades en el aprendizaje. Hace que se relajen, que disfruten, que se olviden de los miedos que muchas veces vienen inculcados por los adultos… Hace que jueguen con sus monitores y les cojan confianza, y a partir de aquí todo sigue su curso».

«Con un buen profesional y con una buena programación adaptada a cada edad, utilizando los recursos adecuados y jugando, no hay manera de fallar. Tenemos niñas y niños felices en el agua. Si los peques son felices, aprenden con buenos recuerdos. Se llevarán una buena experiencia para toda su vida», concluye.
 

 

*En la imagen, Yuri, que estos días aprende a nadar como un campeón. 

 

Eva García Caballero Club natación Granollers Eva García Caballero es responsable de la Escuela de Natación y Socorrismo en el Club de Natación de Granollers. Desempeña funciones como entrenadora personal, monitora de actividades acuáticas y natación, y técnica de salvamento y primeros auxilios.



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